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lunes, 4 de junio de 2018

Estamos en el sexenio de la maldición

También a mí se me antoja decirle a Soledad Jarquín, que “lo siento mucho”, pero esas palabras mejor las guardo porque expresarlas no serían sinceras, pues nunca he experimentado un dolor como el de ella.
Entonces, qué decirle ante el dolor que Soledad expresa por el asesinato de su hija en el texto que tituló: “Y si mi niña, tu crimen no quedará impune”.
El dolor de la mamá no solo se refleja en su rostro, sino también en lo que escribió para María del Sol. Yo creo que nadie puede sentir lo que la periodista expresó desde el fondo de su corazón. “…te quité con mis manos la tierra de tu cara y ese amasijo que se hizo con la sangre seca, olorosa, lo que no te pude quitar fueron las siete balas incrustadas en tu cuerpo...”
Entonces, ante ese dolor, cómo decirle que yo también lo siento. Ese dolor nadie quisiera vivirlo nunca. Pero si un día llegamos a pasar por una experiencia similar, es probable que se le pueda decir a la persona dolida que en verdad lo sentimos. Sólo así nuestro acompañamiento será sincero y auténtico.
Es una lástima que en Oaxaca haya que echar madres o tenga que haber un muerto importante para que las autoridades del estado se decidan a hacer su trabajo.
Ayer, alrededor del mediodía, el gobernador del Estado, más el ejército, la marina y las fuerzas aéreas, echaron a andar el operativo “Juchitán seguro”. Lo sorprendente es que después de tantas muertes, secuestros, levantones, cobros de piso, narcotráfico, huachicoles, en toda la zona del istmo, las autoridades apenas se hayan puesto a hacer algo que debieron haber desarrollado desde el inicio de este sexenio, pues parecía que la delincuencia tenía permiso para ejercer la violencia.
Los istmeños le han gritado repetidamente a las autoridades que “¡si no pueden, renuncien!”, que “¡estamos hasta la madre!”, que “ya pedí, ya supliqué, ya imploré, ya lloré y no han hecho nada”. Y casi todos, cuando se cansan, repiten “¡Eso es no tener madre!”
Y qué decir del Secretario de Asuntos Indígenas del gobierno de Oaxaca, Francisco Javier Montero López, quien obligó a María del Sol Cruz Jarquín, a cubrir la campaña de su hermano Hageo, como candidato del PRI a la Presidencia Municipal de Juchitán. ¿Qué decir de él? Trabajadores de su misma dependencia declaran que por lo menos hay media docena de ellos echándole la mano al hermano en esa zona.
Para nadie es un secreto que estas prácticas son frecuentes, y no son exclusivas del PRI, sino también de todos los demás partidos. A los trabajadores se les exige que se adhieran a las campañas, o de lo contrario perderán su empleo. Es lo que le pasó María del Sol Cruz Jarquín.
Es más, el mismo gobierno, el de Alejandro Murat, está despidiendo a toda la gente que no comulga con la ideología priísta, o que sospechan que no son del PRI.
Seguramente van a decir que no lo sabían, pero cuando finjan sorpresa ante la realidad, van a calificar a sus mismos cuates de rateros, traicioneros, faltos de confianza, desleales y viles.
Los oaxaqueños estamos viviendo tiempos muy violentos. No estamos viviendo lo que Murat Hinojosa prometió en campaña. Nada que ver con “el sexenio del milagro”. Estamos  dentro de un sexenio de maldición. Y todavía ayer, el gobernador volvió a decir que “en Oaxaca hay tranquilidad y paz“.
Para que no nos sorprendamos, solo hay que recordar su logotipo de campaña. Hoy sangra el arma filosa del mismo.

Twitter: @horaciocorro
Facobook: Horacio Corro
horaciocorro@yahoo.com.mx


jueves, 24 de mayo de 2018

Lentes de Clark Kent para políticos o kriptonita para babalucas

Aunque no lo creas, hay carneros que usan anteojos. No, no me refiero a las personas de apellido Carnero que usen lentes; no. Me refiero a los rumiantes que sobre su nariz usan gafas.
Algunos labradores de Europa para proteger a sus rebaños de las terribles enfermedades de los ojos provocadas por el reverberar de las nieves, dotan de gafas a sus animales.
La gente también los usa, pero de esos claros, transparentes, sin graduación. Quienes los utilizan así, son como para apantallar o para transformar su carita haciéndose pasar por ratón de biblioteca, o algo así.
Si estos lentes sin graduación son para alterar la personalidad, entonces, ¿para qué sirven los lentes oscuros? Hace años, los lentes oscuros casi eran exclusivos de artistas de cine o televisión que trataban de disimular su identidad.
Los lentes oscuros más famosos que ha tenido el país, fueron los de Fidel Velázquez, líder de la entonces poderosísima CTM.
Los cartonistas se apoyan en ellos para destacar la figura del líder cetemista. Los lentes de don Fidel llegaron a ser casi el símbolo de los trabajadores de México.
Pero llegó el tiempo en que los lentes oscuros se democratizaron mucho más que la política. Los usaba aquel tipo que regresaba a su pueblo después de una larga temporada de ausencia para demostrar su éxito.
Otros más, los usaban para seguir recordando su Acapulco de hace tres o cuatro años. Aquellos otros, para esconder sus patas de gallo, tristezas, desvelos, depresiones, cuencas huecas, crudas, ojeras, perrillas, conjuntivitis, pasones, ojos desmaquillados, etcétera.
Otras personas usan lentes oscuros porque sienten seguridad. Sienten que la oscuridad les permite moverse con más autoridad, y por lo mismo, se les hace más fácil entrometerse en todo.
Detrás de ese par de cristales oscuros que descansan sobre la nariz, muchas veces se ocultan frustraciones, secretos, misterios, vergüenzas o miedos.
Si le preguntáramos a esas personas porqué usan anteojos, seguramente nos responderán que porque les da seguridad, galanura, o para que no lo reconozcan su chica o sus chico, para ver a la gente, para pasar inadvertido, o para que no lo descubran que es el huy, huy, huy del ejido.
Dentro de los comics, uno de los héroes que usa lentes es Supermán. Éste hombre de acero es un caso único. Hasta la fecha no he podido entender cómo es que nadie se da cuenta que Supermán está debajo de ese armazón de cristales transparentes.
Si los lentes de Clark Kent se los pusiéramos a los políticos, nos encontraríamos en medio de un montón de hijos de su kriptonita, sin poder reconocerlos. Sería tanto su poder, que ni el ciudadano más abusado podría darse cuenta de sus abusos.
Por fortuna esos armazones todavía no están a la venta, pero en realidad no hacen falta. Basta con que el político se eche encima otra camiseta, otros colores, otras siglas, para que sientan que con eso, ningún ciudadano los puede identificar. Eso creen ellos, cuando en realidad es lo contrario. Es cuando todo mundo puede recordar su larga lista de triquiñuelas anteriores.
Aunque no faltan los ilusos que siguen creyendo en esos políticos que se cambian de camiseta a cada rato. Seguramente esos babalucas cargan en sus bolsillos un pedazo de kriptonita y por lo mismo, no han podido regresar a este planeta.

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martes, 15 de mayo de 2018

Todo por un pleito de chamacos

A veces la rabia nos rebasa ante la imposibilidad de no poder hacer nada con los calamitosos ayuntamientos municipales que se han distinguido por cierto sadismo. 
Después de enterarnos de lo que sucede en el Ayuntamiento Municipal de Juxtlahuaca, es como sentir el remolinear de la daga que todavía tenemos clavada.
Bien, les comentaré por partes. Todo empezó cuando dos chamacos se encontraron en una calle de Juxtlahuaca y se comenzaron a decirse de cosas. De las palabras pasaron a los golpes. Fue un pleito que no llegó más allá de dos o tres patadas. Después de eso, cada chavo se fue a su casa. Hasta ahí llegó todo para este par de chavos que anda entre los diecisiete, dieciocho años.
Más tarde, uno de los pleitistas, Ángel Montesinos Zamora, quien se dedica a la venta de pollo, conducía un mototaxi de su patrona en las céntricas calles de esa población, cuando le dio alcance un vehículo de donde bajó la señora María Antonia Paz Navarro, quien a golpes bajó del mototaxi al conductor.
Esta señora, mientras golpeaba a Ángel, le gritaba al que conducía el vehículo que se bajara para golpear al conductor del mototaxi. Así que ni tardo ni perezoso, el hombre del vehículo bajó para golpear brutalmente al chavo. La paliza que le dieron estas dos personas fue sin ninguna misericordia.
Ustedes se preguntarán ¿y quién es la señora que bajó a golpes a Ángel? Pues María Antonia Paz Navarro, es la abuelita del chavo con el que se agarró a trancazos Ángel. El nieto se llama Seyje Antonio Guzmán. Así que la abuelita, personalmente fue a cobrar venganza de los dos o tres golpes que recibió su nieto.
También ustedes se preguntarán que ¿quién es la persona que se bajó del vehículo para golpear brutalmente a Ángel? El nombre de ese señor es Enrique Bautista Gutiérrez, quien por cierto, se siente todopoderoso en el pueblo, y por lo mismo, puede hacer lo que se le antoje por el hecho de ser el Regidor de Hacienda municipal.
Buscando en mis archivos, me encuentro que éste influyente personaje, se desempeñó en el 2010 como tesorero municipal del municipio de Juxtlahuaca, y como nunca quiso comprobar más de 43 millones de pesos a la extinta Auditoría Superior del Estado, fue condenado a varios años sin poder trabajar en la administración pública. Lo curioso del asunto es que hoy se desempeña como Regidor de Hacienda en el Ayuntamiento Municipal que encabeza Nicolás Feria Romero.
El jovencito acudió el domingo a la vice fiscalía de Juxtlahuaca para levantar su denuncia, pero se topó con un trabajador de esa oficina de nombre Alberto Villalobos, quien en vez de tomar la denuncia correspondiente de Ángel, lo regañó y lo acusó de ser el provocador de tal pleito. Así que frustrado se regresó a su casa.
Ayer al mediodía, acudió a nuevamente a la vice fiscalía, acompañado de su mamá para tratar de levantar la denuncia, pero cuando comenzaba a dar los pormenores, llegó la suegra del Regidor de Hacienda, la señora María Antonia Paz Navarro, la abuelita, pues, para amenazar a todo aquel que denuncie a su yerno, y a todo aquel que se preste a levantarle el acta correspondiente a Ángel.
La abogada que en ese momento tomaba los datos de Ángel, ya no quiso seguir atendiéndolo ante el temor del poder juxtlahuaqueño municipal.
Para maldición de Ángel, en la golpiza le tiraron uno de los dientes de enfrente, y corre el riesgo de perder el ojo izquierdo.
Así que este comentario que no es comentario, sino una denuncia que va a quedar en el aire, nada más, y ni modo, ninguna otra cosa se puede hacer ante el poder de los políticos dominadores del pueblo de Juxtlahuaca. En una siguiente entrega les platicaré muchas de las tranzas que comete el ayuntamiento de Juxtlahuaca.

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jueves, 10 de mayo de 2018

Las frases de mamá



No puedo decir que todos, pero sí la mayoría de los seres que vivimos o han vivido sobre este planeta, hemos escuchado dentro de la casa consejos y regaños que se convirtieron en leyes para nuestra vida. Curiosamente, casi todos ellos, vienen de nuestra madre.
“¡No te digo!”, es la frase que más recuerdo que mi mamá nos decía después de que cometíamos una torpeza. Y lo peor, no podíamos decir nada porque ya nos lo había advertido. Y si nos poníamos al brinco, no nos escapábamos de una buena pela.
Si mi mamá no nos hubiera domesticado a manguerazos, cinturonazos o manazos, quién sabe qué andaríamos haciendo ahorita los 9 hijos que sacó adelante, y viuda. Ahora me doy cuenta que no fue nada fácil para ella.
Antes eran más frecuentes los festejos a las madres exactamente el 10 de mayo. Así que como no podía estar al mismo tiempo en el festival de los hijos de la secundaria ni de los de la primaria ni de los de kínder, tenía que mandar representantes a todas partes.
Al final de cuentas esas fiestas resultaban un suplicio para ella, pues cada hijo quería que ella estuviera presente en su fiesta.
Ese día, desde muy temprano se ponía más guapa que de costumbre para tener un día muy padre el Día de la Madre.
Antes de preparar este comentario, me di a la tarea de platicar con algunas personas que tienen o tuvieron una mamá, para que me dijeran una frase que ahora como madre o como padre les repite a sus hijos.
“Aquí no es restaurant y se come a determinadas horas.”
“Cuántos niños quisieran algo de comer, y tú desperdiciando la comida.”
“No me importa, lo haces porque lo haces, y ya.”
“No te estoy pidiendo permiso, te estoy ordenando que lo hagas.”
“Un día me van a matar de un coraje.”
“A ver a qué horas.”
“Todo el día me la paso en la cocina y a ustedes que les importa, ¿verdad?”
“Te doy tres para que lo hagas, unaaaa, dossss…”
“Un día me voy a ir. A ver qué hacen ustedes solos.”
“Ash no sé, pregúntale a tu papá.”
“Vuélveme a responder así ya verás.”
“Porque soy tu madre, ¡y punto!”
“Cuando vivas sólo podrás hacer lo que quieras.”
“Sí crees que en los árboles vas a encontrar tortillas, pues lárgate.”
“Porque soy la mamá, ¿entendiste?”
“Cuando tengas a tus hijos me entenderás.”
“Cuando yo tenía tu edad…”
“Síguele y te quedas sin dientes.”
“No me importa lo que hagan tus amigas, en esta casa hay reglas.”
“Te pones suéter aunque tengas calor.”
“Quién dice que te mandas sola.”
“Péinate esos pelos sino no sales a la calle.”
“Sólo con golpes entiendes ¿verdad?”
“Pídele permiso a tu papá.”
“Duérmete o te mando a dormir.”
“Te voy a dar tus nalgadas para que en verdad llores.”
“Te calmas o te calmas.”
“A tus hijos los educarás como quieras.”
“Así que si fulanita se avienta al precipicio, tú también ¿no?”
“Pero a golpes te voy a quitar lo burro.”
“¡Ven para acá… qué vengas!”
“Pero ya verás cuando venga tu papá.”
“Síguele, y te dejo sin dientes.”
“Y si lo encuentro ¿qué te hago?”
“¡Te lo dije!”
“Bueno eh, conste.”
Una felicitación y mis recuerdos a todas las madres en su día.

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martes, 8 de mayo de 2018

Sobre sangre, Oaxaca está en paz


La inseguridad física es una preocupación creciente de la población. En algunas regiones de la entidad oaxaqueña parecen abundar los secuestros, en otra los levantones, en otra más la extorsión, y así, el derecho de piso, los huachicoleros, los robos, etc. 
Todo esto tiene asustado a Oaxaca. El común denominador es un conjunto de maleantes que han optado por la vida fácil en lugar de aceptar las reglas más esenciales de la convivencia humana.
La violencia no sólo se da en las ciudades con mayor número de habitantes, también en las más pequeñas se han registrado hechos de inseguridad. Parece que nada ni nadie puede detener a la delincuencia.
A pesar de los cientos y cientos de litros de sangre derramada, el gobernador del estado de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa, asegura que vivimos en una entidad en paz.
Nunca en la historia de Oaxaca, de acuerdo a estadísticas, la delincuencia había crecido tanto. Esto se disparó mucho más a partir del gobierno muratista.
El problema delincuencial está en ascenso, y se refleja en la creciente sensación de inseguridad de los habitantes. Hay que recordar que todos los oaxaqueños vamos en el mismo barco.
En estas campañas, todos los candidatos prometen más recursos para Oaxaca. Recursos a favor de la rehabilitación de los espacios públicos, recursos para el campo, recursos para esquemas de salud, recursos para la reconstrucción de Oaxaca, en fin. Vamos a suponer que estas promesas sean ciertas. Pero ¿quién de los candidatos nos puede decir en qué parte del mundo alguien puede funcionar normalmente en su trabajo si padece inseguridad?
En este tiempo de numerosos medios de comunicación, ya no hay necesidad de sentarse a esperar un análisis delictivo en el estado, porque de los hechos violentos nos enteramos a cada ratito por las redes sociales. Así pues, solo para darnos una idea de la descomposición social en que vivimos, habrá que decir que en las últimas dos semanas se registraron 50 homicidios, y sobre esa sangre, el gobernador Murat Hinojosa, declaró que Oaxaca está en paz.
Sólo con los datos de las dos últimas semanas, se puede uno dar cuenta que la incidencia delictiva se ha incrementado tanto en número como en espectacularidad. Ante esto, se ha acrecentado el sentimiento de insatisfacción de seguridad pública en la población.
Aun así, el secretario de seguridad pública, Raymundo Tuñón, declaró hace varias semanas, con todo cinismo, que “no estamos tan mal”.
Con todo lo que vemos, a veces uno piensa que la delincuencia se ha fortalecido no por la incapacidad de la policía, sino por el contubernio que algunas bandas mantienen con los jefes policiacos.
El día en que el secretario de seguridad pública Raymundo Tuñón compareció ante los diputados, increíblemente, ¡se hizo a puerta cerrada!
Hace dos meses el gobernador del estado dijo que los niveles de inseguridad en Oaxaca son mínimos, mientras que Tuñón, decía que la delincuencia aumentó un 12 por ciento. Fíjense nada más lo que pasa cuando habla la irresponsabilidad.
Antes de que se sigan enojando los lectores por la incapacidad de nuestras autoridades, les voy a repetir las palabras de Alejandro Murat: “La buena noticia es que Oaxaca está en paz”.

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