OAXACA BAJO EL FILO DE LA IMPUNIDAD
Por Horacio Corro Espinosa
Oaxaca se apaga. Y no hablo de sus luminarias, que de por sí
fallan o no existen. Hablo de su espíritu. Nos han vendido una postal. Nos
dicen que somos el mejor destino del mundo, el corazón de la cultura, el
paraíso del mezcal. Pero los que vivimos aquí, los que sudamos la gota gorda
para llegar al trabajo, sabemos que esa postal está manchada de sangre y de
miedo.
Oaxaca tiene hoy dos caras irreconciliables. La de los
boletines oficiales, llena de cifras alegres, y la que sufrimos nosotros: los
ciudadanos de a pie, los que vamos en urbano o colectivo, los que no tenemos camioneta
blindada.
La inseguridad no es solo que te quiten la cartera. Es lo
que te dejan después. Nos están perturbando la estabilidad. El bienestar se ha
vuelto un lujo de pocos. Hoy, cruzar una calle donde hubo un conflicto armado o
un bloqueo violento ya no es "noticia", se ha vuelto costumbre. Y ese
es el peligro más grande: normalizar la barbarie.
¿Saben qué provoca esto? Ansiedad. Estrés crónico.
Desconfianza. Hoy miras al de al lado con sospecha. Ya no saludas con la misma
confianza. Esa desconfianza está fracturando nuestras comunidades. Si no hay
seguridad, no hay libertad. Y si no hay libertad, ¿de qué desarrollo humano me
están hablando los políticos? Una persona que tiene miedo de salir a la calle
es una persona cuya vida ha sido secuestrada por la ineptitud oficial.
Hablemos de la vialidad. Ese caos que todos los días nos
roba horas de vida. Ya no solo es el tráfico. Es el peligro de muerte que viaja
en cuatro ruedas. Los autobuses urbanos y los taxis colectivos se han
convertido en zonas de caza.
Tú, que me escuchas en tu casa o en tu negocio: ¿Cuántas
veces has subido al camión con el teléfono escondido en el zapato? ¿Cuántas
veces has apretado tu mochila contra el pecho rezando para que no se suba
"la rata"? Los accidentes, los robos y las extorsiones son el pan de
cada día. Los choferes, muchas veces en complicidad o por pura negligencia,
permiten que el transporte público sea una trampa sin salida.
Y aquí llegamos al punto que más indigna. El ataque cobarde
contra las mujeres. Últimamente, el reporte es constante y aterrador. Mujeres
que suben al camión con sus pertenencias y bajan con la bolsa rajada. Un corte
limpio que es El navajazo.
Es una técnica de cobardes. Mientras tu vas apretada entre
la gente, buscando un lugar donde sostenerte, ellos operan. En un segundo, te
abren la bolsa. Se llevan el celular, la cartera, la identificación... se
llevan el esfuerzo de tu semana. Y lo peor: se llevan tu paz. Muchas bajan del
camión y se dan cuenta minutos después, de la rasgadura en la bolsa. Es una
violación a tu espacio, a tu esfuerzo y a tu integridad.
¿Y quiénes son? La inteligencia ciudadana, que siempre va
diez pasos adelante que la policía, ya lo sabe. No son delincuentes
improvisados. Son flotillas organizadas. "Ratas" que llegaron de la
Ciudad de México. Grupos que vienen de otros países, como Colombia. Han visto
en Oaxaca un terreno fértil porque saben que aquí... aquí no pasa nada.
Vienen a saquearnos porque la autoridad les tiene la puerta
abierta. ¿Dónde están las cámaras del C5? ¿Para qué sirven esos centros de
monitoreo si no pueden detener a una banda que opera todos los días en las
mismas rutas? ¿Dónde está la SEMOVI? ¿Dónde están los operativos reales en el
transporte?
Oaxaca se desangra por la herida de la inseguridad. Si el
gobierno sigue administrando el caos en lugar de combatirlo, que no se
sorprendan cuando la ciudadanía tome la justicia en sus manos. Porque el hambre
y el miedo no saben esperar.
Autoridades: o recuperan las calles, o aceptan que los "piratas" y los delincuentes ya les ganaron la partida.
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